LA TORTURA: un rayo que no cesa en la España de hoy (Una trilogía escrita hace años y por desgracia en plena actualidad)
      es un texto del miembro de la RED VASCA ROJA Oriol Martí fechado en enero del año 2002.


      CARTA ABIERTA AL MUY ILUSTRÍSIMO SR. FERRAN CARDENAL, DIRECTOR GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL Y EX GOBERNADOR DE LA PROVINCIA DE BARCELONA.

      Dedicado a mi amigo del alma Eduard Rodríguez-Farré que, hace muchos años, me inició en el nobilísimo arte del panfleto político, poniéndolo siempre al servicio del comunismo y la libertad, conceptos inseparables.

      No he de callar, por más que con el dedo,
      ya tocando la boca, o ya la frente,
      silencio avises, o amenaces miedo.

      ¿No ha de haber un espíritu valiente?
      ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
      ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

      Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
      puede hablar el ingenio, asegurado
      de que mayor poder le atemorice.

      En otros siglos pudo ser pecado
      severo estudio y la verdad desnuda,
      y romper el silencio el bien hablado.

      (Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, Conde de Olivares, en su valimiento.)

      Francisco de Quevedo y Lucientes.


      Muy Sr. mío:

      He leído que el día 12 de Octubre Festividad de Nuestra Señora del Pilar, patrona del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, Vd. condecoró a mis torturadores en el nuevo cuartel de la Travessera de Dalt, este local tan apreciado por los vecinos de Gracia. Leyendo los periódicos, algunos de ellos reflejaron que Vd. había puesto medallas a los guardias civiles que participaron en la "brillante operación" contra Terra Lliure, salvando a la Barcelona Olímpica del caos terrorista.

      El abajo firmante espera que esta noticia sea, como tantas otras, falsa, porque si no habremos de considerar que Vd. merece el apelativo de mentiroso. Paso a exponerle los motivos por los cuales pienso que este adjetivo es correcto, independientemente de que al finalizar este texto, muchos lectores puedan pensar que merece otros.

      Cuando a raíz de mí –nuestra- detención masiva, indiscriminada, con la aplicación directa de la Ley Antiterrorista a los detenidos, mucha gente lo llamó por teléfono, e incluso, procuraron venir a verle, con el fin de reivindicar mi buen nombre, mi moralidad democrática y mi militancia política, Vd. les mintió groseramente, diciéndoles que esto era una cosa hecha desde Madrid y que Vd. no tenía nada que ver. Es imposible creer que un gobernador civil no supiese nada y, en consecuencia, es altamente probable que Vd. mintiera. Es seguro.

      Fueron decenas, centenares y, como se vio unos días más tarde, miles de personas que llenaron el Palau de la Música, que se interesaron por nosotros. Incluso a personas de su propio Partido, saltándose las reglas que impone el compañerismo partidario, les mintió, insistiendo farisaicamente en que eso eran cosas de Madrid y que Vd. no tenía nada que ver, que toda esta operación estaba fuera de su control. Si alguna persona –que las hubo- insistió, quizá demasiado, es decir, con poca prudencia, la frase: tú no te metas, hizo fortuna. Ni sus propios correligionarios merecían saber. ¿Dónde quedaban las normas de confianza y mutuo respeto que es necesario tener con los que militan con Vd. ...? Si ha mentido descaradamente a los más próximos, puertas adentro de su partido, ningún ciudadano puede tener la menor esperanza: ¿Cuál puede ser el grado de mentira puertas afuera...?

      Donde no llega a colar la mentira, el gesto de prepotencia hace callar a quien quiere saber. Hace ya siglos, Quevedo, sufrió las consecuencias; y así como el paso del tiempo ha hecho mayor la monstruosidad de hacerlo callar, el tiempo da la razón a quien quiere saber, no a quien quiere impedirlo. Vd., imitando al Conde-Duque de Olivares, impidió saber a gente que querían saber acerca de nosotros.

      Saber o no saber, he aquí el dilema. Querer saber o impedir saber, otro dilema. Saber la verdad o cultivar la mentira. Querer saber la verdad, hace sufrir, cuesta, pero nos otorga la liberación del espíritu. Vd., Sr. Cardenal, quiere espíritus sujetos, envilecidos por los halagos, que crean sin ningún esfuerzo la mentira. Que crean que la mentira es la verdad porque la dice Vd. que tiene poder. Y es por esto, que tuvo la necesidad de mentir vilmente cuando fue repetidamente preguntado.

      Siempre he seguido a los pensadores, vengan de donde vengan, que han sostenido que la verdad es un valor: la verdad nos hará libres... la verdad es revolucionaria. Siento como propia la tradición de seres humanos que sabemos que la verdad es un valor positivo, frágil, porque depende del mismo ser humano. Edipo, Tomas More o Rosa Luxembourg, pertenecen en el mito o la realidad histórica a este tipo de gente. Sabían que desear saber la verdad, es algo tan duro y frágil que, una vez sabida, es necesario comprometerse a toda costa en su defensa. Sabían que la luz de la verdad es más potente que la del sol y que habiéndola visto, ya no vale la pena seguir viendo nada más. Que saben que la verdad nunca es eterna y, a pesar de saberlo, la defienden incluso con la vida.

      Vd. pertenece a otra corriente, la cual, supone que para mantener aquello que dice que es verdad, lo que se necesita es poder, mucho poder, y cuanto más bárbaro mejor. Un muro nos separa, Sr. Cardenal.

      Ninguna persona informada tiene la menor duda sobre el lugar siniestro en que guarda al Conde Duque la memoria histórica de los catalanes. Vd. lo supera. Seria penoso que un personaje tan mediocre y escalador como Vd., Sr. Cardenal, pasase a la historia a causa de esta carta. Una cosa les une a los dos en su irrenunciable españolismo: el Conde-Duque, era un hombre sin principios, pero era un reaccionario de categoría, un gran reaccionario.

      El Conde-Duque, participaba de la posición en la que las ideas y los valores requieren a menudo violencia para ser mantenidas. No tenía principios y aunque sabía que mentir era pecado, luchaba por un imperio en el que no se ponía el sol y por la religión verdadera. Si a Vd. le falta alguna cosa es la grandeza que le sobraba al Conde-Duque: Vd., arrastrado por ese posmodernismo que banaliza todo lo que toca, participa del pensamiento débil al uso y todo lo que le importa es mantener como sea la silla. La pasión por mandar del Conde-Duque, conectaba con la trascendencia de su misión histórica, de una idea de España, de la fe católica, del Estado y otros valores, a los que yo combato. Si a Vd. le preguntaran por qué combate, a buen seguro respondería con términos a los que han extraído todo su mordiente político, como pueden ser: "Estado de Derecho" o "democracia".

      Si el Conde-Duque se levantara y viera la banalidad postmoderna de los continuadores del gran españolismo, se avergonzaría y retornaría a su tumba anonadado. El Conde-Duque y Vd. coinciden en la repugnancia que me producen, pero esta repugnancia expresa también mi debilidad como combatiente comunista. Ya lo decía Ho Chi Minh: Amemos a nuestros enemigos, porque nos ponen en contacto con nuestras debilidades. Su manera de actuar, Sr. Cardenal, me obliga positivamente a podar mi banalidad.

      De frases como las anteriores, los posmodernos como usted dicen que son isticismo, porque para ustedes, que piensan que vivimos en el mejor de los mundos posibles, se usa, también, la descalificación y, en consecuencia, cualquier idea para cambiarlo es mística.

      La memoria informativa es débil y los arboles de las noticias de todos los días, tapan el bosque de la continuidad de los hechos políticos. Es imprescindible que este ciudadano que fue torturado, al extremo de ver su vida en peligro, por la Guardia Civil a la que Vd. ha condecorado, le recuerde que es lo que dijo Vd. cuando las llamadas, las peticiones de audiencia y los telegramas inundaban su Gobierno Civil; si ahora condecora a mis torturadores es porque conocía la existencia de la operación y, en consecuencia, mintió pública y privadamente: Ferran Cardenal, pues, es un mentiroso.

      El problema no es que haya mentido esta vez. En otro trabajo contra la tortura: "Las razones del otro", he justificado que un torturador no nace, sino que se hace; igualmente pasa con un embustero. Su partido, que es un partido de antifranquistas de última hora, viene practicando desde hace muchos años la mentira permanente, con el fin de mantener el estado de cosas existente, hablando –mintiendo- sobre el cambio.

      La OTAN, el GAL, la traición a los afectados de la colza o la ley Boyer sobre la liberalización del precio de la vivienda, entre otras tantas llenaría páginas recordarlas Once años mintiendo dan mucho juego. En todo caso, esta nueva mentira se añade a la lista de mentiras y traiciones, hechas a sus ilusionados –y repetidamente traicionados- electores. Se impone preguntarnos si quizá con tantos años de mentiras, les votan con la esperanza de algún cambio, por desidia o si, sencillamente, sus electores ya no proceden de las clases trabajadoras sino de aquellas clases que les necesitan a ustedes para mantener sus intereses y la desigualdad entre los seres humanos en lugar de terminar con ella.

      Once años han ido desplazando el voto hacía esta última posibilidad; los financiadores de su partido son los sectores más dinámicos del capitalismo transnacional, los empresarios más competitivos, el sector más activo de la Banca. Vdes., sirven a estos intereses, y no como dicen a los intereses de los trabajadores. Vdes., los socialistas, mienten.

      Esté atento, Sr. Cardenal, porque el tiempo de la mentira siempre acaba en política; el poder es una cosa que se puede ganar, pero también se puede perder, y algún día los ciudadanos y ciudadanas reprocharan a los socialistas tantas y tantas mentiras, tantas traiciones, tanta vocación destructora de los movimientos sociales, tanto servilismo hacia los poderosos en contra de los más débiles, en una palabra, tanta mentira. No espere de mí ni de los míos la menor misericordia llegado este día porqué, si bien como decía Tayllerant el resentimiento no es un sentimiento político, acabar con la mentira y los mentirosos es la tarea política más moral y más elevada a la que nos podemos dedicar quienes queremos otro orden de cosas.

      Política es participación social, activa, de todos y cualquiera de los ciudadanos. Política es transformación ilusionada de la vida cotidiana en un sentido más deseable para todos. Política no es hacer tierra quemada desmovilizando, desmoralizando a la gente, reduciéndola solamente a votar programas, la única función de los cuales es no cumplirlos nunca; política no es crear instituciones fantasma las cuales, como auténticas correas de transmisión permiten vivir a sus correligionarios.

      Vdes. arrebatados por un tecnocratismo y un elitismo exacerbados, temen a la gente, su capacidad organizativa, su capacidad creativa, su entusiasmo en querer cambiar las cosas; pero es necesario parar a la gente como sea: que voten, callen y dejen hacer. Para Vdes. la participación de la gente es un peligro al que es necesario combatir, sobre todo cuando la Banca y el gran capital transnacional les pagan para hacer eso. Quien paga, manda.

      Volvamos a lo que decía antes: por encima de todo, política no es mantener unos aparatos represivos, que eleven la tortura a práctica normal para defender la democracia, que no pongan una bolsa de plástico en la cabeza de alguien, minutos, cuartos de hora, hasta que se siente morir. Mientras conmemoramos aniversarios de la defenestración de Julián Grimau, con otras defenestraciones, como la del Sr. Kalparsoro y se afirme con prepotencia que la Sra. Yantzi murió en algún cuartel porque fumaba mucho, me sentiré muy orgulloso que el Sr. Ramón Jauregui, uno de los más grandes artistas de la historia de España en el arte de la mentira, me trate de intolerante.

      El asesinato, escribía Sir Thomas de Quincey, puede ser considerada una bella arte. Los socialistas han querido elevar a bella arte la mentira, pero como que les faltan principios políticos y morales sólidos, arrastrados por un pragmatismo fuera de control, han transformado la afirmación literaria de Quincey en una bagatela, al extremo que mienten mal. Quincey decía con sorna, que se empieza matando y se termina no yendo a misa; se empieza mintiendo con los ochocientos mil puestos de trabajo, de Alfonso Guerra, y se acaba en la OTAN. Solo falta que ahora se vea que el contrato de venta de SEAT contenía cláusulas secretas, una de las cuales, hablaba directamente del cierre de la factoría, aspecto este desmentido continuamente. La mentira, como la tortura o el asesinato, es una mala arte, y la expresión más transparente de que el pensamiento débil, es el pensamiento hecho para servir y mantener el orden. Cuando Quincey hablaba del asesinato, lo hacía en tono literario; los padecimientos de 3 millones de parados no tienen nada de literario: no se puede tapar con palabras (con mentiras) el mal.

      El pensamiento débil, que es para Vdes. el único pensamiento político posible, es el que hace de la mentira el hecho natural de la política, desarrollando la forma de pensar que cultiva por sistema aquello que está vetado por la lógica y autorizado por la policía. Esta aberración que recibe el nombre de discurso abierto, tolerante y democrático, al cual son tan aficionados los antifranquistas de última hora, supone que todas las ideas son respetables. Las personas son siempre respetables, incluso Vd. aunque mienta. Todas las ideas, no; por ejemplo, el racismo.

      Esta posición de tolerancia se capilariza a través de periódicos como El País, y periodistas como el Sr. Luís del Olmo, o la Sra. Margarita Diez y Saez Trías, o la Sra. Pilar Cernuda. Estos periodistas cultivan, como Vdes. los socialistas, aquello que está vetado por la lógica y autorizado por la policía. De manera similar, se comportan esos filósofos que Vdes., los socialistas, tienen a sueldo y comen dócilmente de sus manos, como son las "egregias y nunca bastante ponderadas" figuras del Sr. Fernando Savater y de la Sra. Victoria Camps; con la finura analítica y la elegancia que procede de una severa vigilancia epistemológica, estos dos filósofos también cultivan aquello vetado por la lógica y permitido por la policía.

      Ya se sabe, eso de referirse a aquello vetado por la lógica y autorizado por la policía, es una frase pasada de moda, de Marx y Engels, dos pensadores pasados de moda, que habían optado por ir a favor de la lógica y en contra de la policía, porque es un instrumento necesario para mantener la sociedad de los desiguales y ellos, como que querían la sociedad de los iguales, no podían ir a favor de la policía. Es exactamente lo contrario que Vd. piensa, dice y hace.

      El problema no es que lo piense, sino que lo hace, y la gente no es lo que piensa o dice, sino lo que hace, y esta es la única medida a la hora de valorar los actos humanos, y particularmente los políticos. Mejor dicho, la política es, entre otras cosas, el arte de la interpretación de los actos de los otros. En todo caso, sus actos nos dicen que mintió primero y condecoró después. El resto son monsergas.

      Hablando del desarrollo del cerebro humano, un paleoantropólogo y neurobiólogo, de la Universidad de Los Angeles, Harry Jerison, decía: Necesitamos del lenguaje, más para explicar historias que para dirigir acciones.

      Y dado que es una persona docta, y no está pasada de moda le podemos otorgar la credibilidad, hasta que los hechos -los hechos, ¡eh!- demuestren otra cosa. Nos hemos de quedar, pues, con sus dos hechos, reflejo de dos acciones: mentir y condecorar torturadores.

      Dicen que los Gobernadores Civiles, han de contribuir al orden público, sosteniendo la presunción de inocencia y la igualdad de los ciudadanos ante la ley; lo que Vd. ha hecho es tratarnos primero de culpables y, tras ser puestos en libertad sin cargos, callar, una tercera acción. Ningún desmentido, ni excusa pública, ninguna justificación o autocrítica...

      El abajo firmante habría deseado ser el pederasta de Valladolid, o el de Villalba, el cual fue tratado de presunto, a pesar que había evidencias manifiestas de que había violado y asesinado a una niña, si no recuerdo mal. Vd. no mantiene el orden público, cuando niega la presunción de inocencia, lo que hace es crear las condiciones para el desorden público.

      Mentir, condecorar torturadores y callar, estas son las tres acciones que Vd. ha realizado, Sr. Cardenal. Tres acciones que son la antítesis de una práctica política ética y democrática Tres acciones que si Vd. valora como éticas y democráticas, me hace pensar que Vd. tiene ideas muy confusas, desde el punto de vista democrático y muy claras hacia aquellos que le pagan. Democráticamente hablando, sería mejor que abandonara el cargo. Pero es difícil que esto ocurra; si ocurriese, tiene la vida asegurada, porque los poderosos a quienes protege -los Sres. Samaranch, Ferrer Salat, Vilarassau o Duran Farrell-, siempre le harán un huequecito para recompensarle los servicios prestados. ¡Siempre podrá poner la olla, Sr. Director Genera!.

      Es probable que este convencido que mintiendo, torturando y callando es como se ejerce un cargo como el suyo. Aunque soy enemigo del cuanto peor, mejor, hemos de reclamar a la Divina Providencia que le de larga vida para ocupar muchos años el cargo, ya que así defenderá más tiempo la existencia de la sociedad de los desiguales, y la poca gente que aún piensa, ingenuamente, que Vdes. son de izquierdas, cambiaran de punto de vista. Desearle larga vida es un halago que no me duele proporcionarle, Sr. Gobernador, ni a Vd. ni al Papa Vojtila, es saludable que la gente pueda disfrutar en vida de los resultados de sus obras y así como el Papa puede disfrutar de la victoria en las urnas de los excomunistas de Polonia y alegrarse, confío que Vd. pueda disfrutar de la próxima derrota del bloque histórico de la derecha española, encabezada y vertebrada en este momento por el PSOE.

      Pero ¿quién es Vd.?: Una de las piezas de tercer orden para tirar hacia adelante este proyecto político de las clases dominantes, que necesita represión, con el fin de taiwanizar rápidamente España; un actor secundario, en la expansión del felipismo, que es un proyecto político que no tiene nada que ver con lo que muchos ciudadanos pensaban el año 82, cuando la ilusión por el Cambio inundaba la piel de toro. Esta ilusión, comenzó a disolverse como un terrón de azúcar en el agua de la mentira, cuando el Sr. Felipe González, el gran mentiroso de La Moncloa, fue a misa el día de la Purísima Concepción, patrona del arma de Infantería del glorioso Ejercito Español, al mes de ganadas las elecciones, es decir, perdidas para el pueblo.

      Dicho en estilo directo: el PSOE ha traicionado, es decir, ha mentido a los españoles. Lo pagará tarde o temprano. En este proceso, los pocos socialistas honestos que quedan habrán de tomar partido: o por el felipismo, o por el socialismo, porque en política suele pasar aquello de la señora embarazada: o lo está o no lo está. Esperemos que haya muchos de estos, a pesar que me temo que quizá habían más justos en Sodoma.

      Puede sentirse en paz consigo mismo cada noche cuando, después de pasar el día conspirando, ya que para seguir en el proyecto del felipismo es necesario tener antenas, comprueba que Vd. y la inmensa mayoría de sus compañeros, no defienden otro interés que el propio para seguir viviendo de la lotería del cargo. Muchos no pueden bajar del tranvía de un proyecto en el que no creen, pero que les da las lentejas.

      La realidad es terca: En España se tortura mucho y bien, Vd. lo sabe y, teniendo autoridad para acabar con ello, no lo hace. Por eso molesta tanto que haya gente con buena memoria y ganas de escribir. Quien firma la presente ha sido amenazado de muerte varias veces si seguía denunciando la tortura. Lo seguirá haciendo. Aunque se muera de miedo. Quien escribe esto es un ser humano y tiene miedo. Miedo de que un poli, dolorosamente harto de los ataques contra la unidad de España, como este gran policía, el Sr. Duce, decida hacer justicia por su cuenta. Miedo de que un guardia civil, que ha ido de putas, como que las chicas no le han hecho bien el trabajo, salga enloquecido y a falta de policías a quien matar, piense que puede descargar la mala leche contra quien escribe estas líneas. Miedo de saber que estos carcamales se saben totalmente impunes y, caso de ser condenados, después de unas cómodas vacaciones en la cárcel de Guadalajara, saldrán a la calle con el fin de seguir haciendo vesanías, como el Sr. Amedo. Claro que tengo miedo. Pero ni Santiago Brouard, ni la Sra. Yantzi pueden ya tener miedo. Están muertos como tantos otros. Como tantísimas víctimas, que bajo la década de los horrores -es decir, la socialista- han sido torturados, violados, en los cuartelillos, las comisarías o bajo la acción de los servicios paralelos.

      Producto de un análisis superficial, a raíz de la caída del muro de Berlín, Vdes. repiten como el Dr. Goebbels que el comunismo ha fracasado. Ha fracasado ciertamente una concepción burocrática, estatalista, tecnocrática, no participativa del socialismo real, no el comunismo. Pero estas filigranas teóricas son demasiado para el cuerpo de un experto en represión como Vd. Lo que nos muestra un riguroso análisis es que el capitalismo no es reformable en contra de lo que sostienen los programas de la socialdemocracia. O es manchesteriano o no es. Vdes. los socialistas, niegan la realidad. Le habremos de aplicar a Vd., cuando niega que se torture, la sentencia que Marx dedicaba a Malthus: Quien intenta adaptar la realidad a su pensamiento y no su pensamiento a la realidad, no merece otro apelativo que el de canalla.

      Observe Vd. la paradoja: un señor que se autodenomina demócrata, encabezando el cántico del Himno de la Guardia Civil. Posición no distinta a cómo otro autodenominado demócrata, el Sr. García Vargas, cantó en los funerales de los legionarios de Bosnia El novio de la muerte. Himnos que fueron cantados a pleno pulmón en su presencia, el día 12 de octubre. Salió en televisión. Y uno se pregunta ¿Cómo se pueden permitir himnos así en un ejercito o unas fuerzas de orden público que se llaman democráticas? La respuesta nos remite a un cuarto acto terrible: la metamorfosis nazi-fascista de los socialistas.

      No podemos hacernos ninguna ilusión: la lógica de la transición manda, CiU pronto cantará a pleno pulmón estos himnos, -ahora ya lo hacen sin mover los labios- con Vdes. y así, juntos, se sentirán menos solos ante la ola de incomprensión generalizada al no entender que la Guardia Civil es el gran descubrimiento de los socialistas en palabras del Sr. Roldan. En más de 10 años ni han sido capaces de cambiar los viejos himnos franquistas. Mientras tanto en Catalunya, el partido socioconvergente tan reclamado por los Sres. Serra, Roca y Maragall avanza y los banqueros, felices.

      Pero, la felicidad mal repartida tarde o temprano acaba creando problemas. Un pensador, afortunadamente también pasado de moda, Sigmund Freud, en El Porvenir de una Ilusión, afirmaba:

      En lo que se refiere a las restricciones que sólo afectan a determinadas clases sociales, la situación se nos muestra claramente, y no ha sido un secreto para nadie. Es de suponer que estas clases postergadas envidiarán a las más favorecidas sus privilegios y harán todo lo posible por liberarse del incremento especial de privaciones que pesan sobre ellas... donde no lo consigan surgirá la civilización correspondiente un descontento duradero que podrá conducir a peligrosas rebeliones. Pero cuando una civilización no ha logrado evitar que la satisfacción de un cierto número de sus participes tenga como premisa la opresión de otros, y así sucede en todas las civilizaciones actuales, es comprensible que los oprimidos desarrollen una intensa hostilidad contra la civilización que ellos mismos sostienen con su trabajo pero de cuyos bienes no participan sino muy poco... No hace falta decir que una cultura que deja insatisfecho a un núcleo tan considerable de sus participes y los incita a la rebelión no puede durar mucho tiempo ni tampoco lo merece. (El remarcado es del autor)

      Conclusión: la socialdemocracia está para lo que está: mantener con la mentira, el silencio, el premio miserable y, cuando es necesario, la violencia, el estado de cosas existente contra los más débiles. Gracias, muchas gracias, Sr. Cardenal por haber ayudado a sacarnos la venda de los ojos.

      Afectuosamente,

      Oriol Martí


      NOTAS SOBRE LA VIOLENCIA POLÍTICA EN LAS SOCIEDADES DE DEMOCRACIA REPRESENTATIVA Y, EN PARTICULAR, LA HISPÁNICA

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